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Almacenamiento minimalista: cómo mantener la casa ordenada

Una casa minimalista también tiene cables, cargadores, documentos, productos de limpieza, ropa, juguetes, medicamentos, pequeños electrodomésticos y todos esos objetos cotidianos que nunca aparecen en las fotografías de interiores.

La diferencia no está en que esas cosas dejen de existir.

Está en haber decidido dónde va cada una.

Por eso el almacenamiento minimalista no consiste simplemente en llenar una vivienda de armarios cerrados. Consiste en diseñar un sistema que permita guardar fácilmente lo que genera ruido visual y mantener accesible aquello que utilizamos de verdad.

Si cada noche hacen falta diez minutos para recoger una habitación, probablemente el problema no sea únicamente de orden. Puede que falte un lugar lógico donde guardar las cosas.

Primero observa dónde aparece el desorden

Antes de comprar cajas, cestas o muebles de almacenamiento, observa dónde se acumulan los objetos durante varios días.

Ese pequeño ejercicio suele revelar mucho más que cualquier catálogo.

ZonaLo que suele acumularseQué conviene resolver
RecibidorLlaves, zapatos, bolsos, cartasCajón, banco, perchero o zapatero
SalónMandos, cables, revistas, juguetesAparador o cajones cercanos
CocinaPequeños electrodomésticos y utensiliosCajones, columnas y zonas de uso
DormitorioRopa, cargadores, librosArmario, cajones y mesilla
BañoCosméticos y productos de higieneMueble cerrado y organizadores

La ubicación importa.

Guardar los mandos en un armario situado al otro extremo del salón puede parecer ordenado sobre el plano, pero probablemente terminarán nuevamente sobre la mesa.

El mejor almacenamiento suele estar cerca del punto donde se utiliza cada objeto.

El minimalismo necesita almacenamiento, no menos almacenamiento

Existe una contradicción aparente.

Cuanto más despejada queremos que parezca una vivienda, más importante resulta planificar dónde guardar las cosas.

El interiorismo minimalista funciona precisamente cuando el orden puede mantenerse sin un esfuerzo constante.

No tendría demasiado sentido diseñar una cocina con encimeras completamente vacías si cada mañana hay que sacar cinco objetos de diferentes armarios para preparar el desayuno.

Tampoco tendría sentido ocultar todos los libros si forman parte habitual de la vida de quienes utilizan el salón.

La cuestión no es esconderlo todo.

Es decidir qué tiene sentido dejar visible.

Divide los objetos en tres grupos

Una manera práctica de tomar decisiones consiste en separar mentalmente lo que tenemos en tres categorías.

Lo que utilizamos constantemente

Debería permanecer fácilmente accesible.

La cafetera diaria, las llaves, una manta que utilizamos cada noche o los vasos que cogemos varias veces al día no deberían almacenarse en lugares incómodos únicamente para conseguir una fotografía más limpia.

Lo que necesitamos, pero no queremos ver

Aquí encaja buena parte del almacenamiento cerrado.

Documentación, cables, herramientas, productos de limpieza, medicamentos, recambios o reservas de productos domésticos pueden tener un lugar específico dentro de cajones, armarios y muebles.

Lo que merece permanecer visible

Libros, arte, fotografías, plantas o determinadas piezas personales pueden formar parte del espacio.

Una vivienda minimalista no necesita eliminar estas cosas.

Necesita darles suficiente espacio.

Cerrado abajo, abierto arriba

Una combinación especialmente útil consiste en utilizar almacenamiento cerrado en la zona inferior y dejar algunas baldas abiertas en la superior.

La parte cerrada absorbe el funcionamiento real de la casa. Mandos, cables, papeles, juguetes y objetos cotidianos desaparecen fácilmente.

La parte abierta permite conservar libros, plantas o alguna pieza decorativa.

Pero no es necesario llenar cada balda.

Dejar huecos vacíos ayuda a que lo expuesto tenga mayor presencia y hace que el conjunto resulte visualmente más tranquilo.

Los muebles a medida pueden simplificar una estancia

Una pared con una cómoda, una estantería independiente, dos muebles auxiliares y varias cajas puede almacenar muchas cosas.

También puede generar una enorme cantidad de líneas, patas, colores y superficies diferentes.

Cuando el espacio y el presupuesto lo permiten, integrar varias funciones en un único mueble puede simplificar enormemente una estancia.

Un frente continuo puede combinar:

  • Armarios cerrados.
  • Cajones.
  • Espacio para televisión.
  • Estanterías.
  • Zona de trabajo.
  • Almacenamiento hasta el techo.

En lugar de añadir piezas cada vez que aparece una necesidad nueva, todo el conjunto responde a una misma lógica.

Aprovechar la altura cambia especialmente las casas pequeñas

Cuando faltan metros cuadrados solemos mirar el suelo.

Sin embargo, muchas viviendas disponen de una gran cantidad de volumen desaprovechado en altura.

Los armarios hasta el techo permiten guardar aquello que se utiliza con menos frecuencia en las zonas superiores y reservar las partes más accesibles para el día a día.

Esto resulta especialmente útil en dormitorios, cocinas, recibidores y zonas de paso.

Además, un único frente alto suele generar menos ruido visual que varios muebles de diferentes alturas.

El recibidor debería resolver problemas antes de decorar

El recibidor es un buen ejemplo de cómo funciona este enfoque.

Llegamos a casa y aparecen inmediatamente zapatos, chaquetas, bolso, mochila, llaves o correspondencia.

Si ninguno tiene un sitio, probablemente terminarán sobre la primera superficie disponible.

Antes de elegir un espejo o un jarrón conviene resolver esas acciones.

Puede bastar con un pequeño cajón para las llaves, un banco con almacenamiento inferior y algunos ganchos discretos.

Después ya podemos pensar en la decoración.

En la cocina, accesibilidad antes que perfección visual

Una cocina minimalista completamente vacía puede funcionar muy bien en una fotografía.

En la vida real necesitamos cocinar.

Una cafetera utilizada diariamente puede permanecer sobre la encimera. Lo mismo puede ocurrir con una tabla, un frutero o algún utensilio frecuente.

La diferencia está en evitar que esas piezas convivan con cartas, medicamentos, bolsas, recibos, cargadores y diez pequeños electrodomésticos diferentes.

El almacenamiento debería responder a la frecuencia de uso.

Lo cotidiano, cerca. Lo ocasional, más lejos. Lo excepcional, en zonas altas o menos accesibles.

En el salón, cuidado con los muebles auxiliares

Cuando falta almacenamiento es frecuente resolver cada necesidad añadiendo otra pieza.

Una mesa lateral con cajón puede guardar mandos. Una cesta puede esconder mantas. Una pequeña cómoda puede absorber papeles y una estantería puede recoger libros.

Cada elemento resuelve algo, pero juntos pueden generar precisamente el ruido visual que intentábamos evitar.

Antes de añadir un nuevo mueble conviene preguntarse si el almacenamiento principal podría reorganizarse.

A veces un aparador ligeramente más grande sustituye tres piezas pequeñas.

Las cajas no solucionan un sistema mal planteado

Comprar organizadores puede ser útil.

Pero también podemos terminar con armarios llenos de cajas cuyo contenido ni siquiera recordamos.

Organizar no significa introducir cada objeto dentro de otro objeto.

La prioridad debería ser:

  1. Decidir qué necesitamos conservar.
  2. Agruparlo por uso.
  3. Asignarle una ubicación.
  4. Solo después, elegir divisores, bandejas o cajas cuando realmente ayuden.

Si hacemos el proceso al revés, simplemente organizaremos mejor la acumulación.

El almacenamiento también debería ser fácil de mantener

Un sistema puede parecer perfecto y fracasar al cabo de dos semanas.

Normalmente ocurre porque exige demasiados pasos.

Abrir un armario, sacar una caja, abrir la caja y retirar otra cosa antes de guardar un objeto que utilizamos cinco veces al día no es práctico.

Cuanto mayor sea la frecuencia de uso, más sencilla debería ser la acción de guardar.

Los objetos diarios deberían poder desaparecer casi con un solo movimiento.

Ahí está una de las diferencias entre una vivienda que parece ordenada durante unas horas y otra que realmente resulta fácil de mantener.

No todo tiene que desaparecer

El almacenamiento minimalista no busca convertir la casa en una sucesión de puertas lisas.

Una estantería con libros puede ser perfectamente coherente. Una colección pequeña también. Lo mismo ocurre con una fotografía, plantas o piezas artesanales.

De hecho, dentro de un enfoque de minimalismo cálido, estos elementos pueden ayudar a conseguir que una vivienda despejada no resulte impersonal.

La clave está en establecer prioridades y dejar suficiente espacio alrededor de aquello que decidimos mostrar.

Si quieres entender cómo distribución, mobiliario, luz y almacenamiento forman parte de una misma decisión, en nuestra guía sobre qué es el interiorismo explicamos por qué una vivienda debería planificarse desde su uso antes de empezar a decorarla.

Preguntas frecuentes sobre almacenamiento minimalista

¿Dónde guardar las cosas en una casa minimalista?

Lo más cerca posible de donde se utilizan.

Los objetos de uso diario deberían estar en zonas accesibles. Los que se utilizan ocasionalmente pueden ocupar posiciones secundarias y aquello que solo se necesita puntualmente puede guardarse en zonas altas o menos cómodas.

¿Una casa minimalista necesita muchos armarios?

Necesita almacenamiento bien planificado.

En muchas ocasiones, un único mueble grande e integrado funciona mejor que varios muebles pequeños repartidos por la habitación, porque simplifica visualmente el espacio y concentra diferentes funciones.

¿Hay que esconderlo todo en una casa minimalista?

No.

Libros, plantas, arte, fotografías o piezas personales pueden permanecer a la vista si tienen suficiente espacio alrededor.

Lo que conviene guardar es aquello puramente funcional que tiende a acumularse y generar ruido visual.

Una casa ordenada es una casa donde guardar resulta fácil

El objetivo final no consiste en lograr que ninguna superficie tenga objetos.

Consiste en evitar que el desorden cotidiano domine visualmente la vivienda.

Una buena solución de almacenamiento permite dejar visible aquello que queremos disfrutar y guardar rápidamente todo lo demás.

Por eso el minimalismo sostenible no depende de estar recogiendo continuamente.

Depende de diseñar una casa donde cada cosa tenga un lugar lógico y resulte sencillo devolverla allí.

Cuando eso ocurre, mantener los espacios despejados deja de ser una obligación y se convierte simplemente en la consecuencia de que la vivienda está mejor organizada.